Se trata sin duda de un paisaje muy bonito. Es la cara sur de las Grandes Jorasses contemplada desde la carretera que va hacia Courmayer. Nunca llegué a imaginar que lo más duro de ascender a la Walker fuese el descenso. Pero bien mirado, 2900 metros con los pies mojados y sin calcetines de recambio es algo que se paga... Se paga con unas duricias que dejan los dedos gordos de los pies insensibles durante un mes...
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