Cuando se contemplan las incontables agujas que rodean Chamonix, uno queda fascinado más que impresionado. Sus caprichosas formas esconden algo de belleza que es difícil de describir mediante palabras y en cuanto uno reconoce alguna pared célebre es invadido por una mezcla de orgullo y humildad. Blaitière, Aiguille du Midi... y a la izquierda del todo, el Dru, pequeño, lejano e inalcanzable. Esta foto fue tomada en septiembre del año 1999. |