"Me he olvidado el piolet", lamentó mi compañero con rasgos de delito. No tuve palabras para esta situación, sólo miradas de catástrofe y enfado. El piolet, en aquella ascensión era tan importante como la cuerda. Lo único que se me ocurrió fue salir pitando del angustiante ambiente. Al aflojar el ritmo Toni me alcanzó y sugirió que unas escaleras marrones situadas en el paredón izquierdo nos conducirían al refugio de Leschaux. Lo dudé, lo discutí pero no traté de convencerle pues no estaba completamente seguro. Al llegar a un punto más elevado él mismo se convenció de que se había equivocado. Era lo único que faltaba para sentenciarnos al fracaso... Esta foto fue tomada una tarde de agosto de 1998. |