« Aferrado solamente al piolet izquierdo para poder poner el siguiente seguro, la dragonera comenzó a estrangularme la muñeca y el dolor no esperó, apareció en forma de calambres punzantes. Eran los efectos de "tocar el vacío". Con el tornillo de hielo "ruso" la tarea fue aún más difícil. Completamente agotado e intentando guardar el equilibrio conseguífijarlo, aseguré la cuerda y recorrí rápidamente losúltimos metros del potentedesplome. Aliviado por la inclinación, que se hizo más benévola, proseguípor un terreno un poco más cómodo, de unos 90°.Como unos metros más arriba el bastión parecía tirarhacia adelante decidí no gastar mi último tornillo y lo reservépara la reunión. Cuchillada a cuchillada fui trepando porel cristalino hielo con la confianza de haber superado el tramo másdifícil. Ya no me importaba que la helada agua de fusiónme estuviese dejando chorreando... »
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