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  Leyendas de Montserrat: la Vilanovins

Publicado por Ferran el 15 de Mayo de 2009 ( 2:59 am ) —

Los inicios del salto BASE en Montserrat.

Corrían los años 70 cuando un grupo de escaladores de Vilanova i la Geltrú estaban equipando los largos superiores de la que se convertiría en la actual vía “GEAM” (aKa “Vilanovins”) en el “plátano” de Diables. Todo transcurría con normalidad hasta que Vicenç Barberà empezó a montar uno de los rápeles que le conduciría a la parte alta del bastión de Plátano. Colocó el mosquetón de rápel, como hacían antiguamente, ni ochos, ni reversos, ni tubos, sólo un mosquetón de hierro y la cuerda. Pero en el momento de iniciar el rápel el nudo que anclaba la cuerda a la reunión se soltó y Viçens cayó al vacío. Afortunadamente sus compañeros tuverion el detalle de atar el extremo final de la cuerda a la reunión de abajo y el vuelo se detuvo antes de llegar al suelo. En total nada más y nada menos que 120 metros de caída libre.
Vicenç salió ileso y con el pelo blanco pero sus piernas debieron temblar un buen rato… ¡y las de sus compañeros!

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Sesión fotográfica

Corrían los tiempos en los que Josep María Alsina, Enric Camacho y toda una generación de escaladores fanáticos por forzar los límites de lo clásico estaban reunidos en “Sant Benet” cuando Victor Pirés apareció bajo los efectos de una profunda inspiración Montserratina.

- ¡Eh! ¡Necesito fotógrafos! - soltó a los escaladors que aquel día se encontraban en el refu de Sant Benet.

Todos se quedaron expectantes.

- Quiero que me fotografiéis en el último largo de la Vilanovins. Lo voy a hacer “a pelo”, no necesito ni cuerdas ni cintas. - Sus palabras delataba una determinación absoluta.

La respuesta no se hizo esperar y en poco tiempo se encontraron en la ermita de “Sant Antoni” preparando las cuerdas y el material fotográfico para el gran acontecimiento. Un fácil flanqueo, que conduce al más absoluto vacío de Montserrat, justo donde acaba la Vilanovins, era el punto desde el que Victor tenía que descolgarse hasta la sexta reunión. Y eso mismo hizo.

Todos estaban en tensión. Llegó el momento, se desató y vio como la cuerda se escurría rápidamente pendiente arriba. Una finísma placa de 6c (grado local) le esperaba por delante pero justo en ese preciso momento decidió mirar hacia abajo y el raciocinio volvió a su cabeza. De repente todo el cuerpo empezó a sentir la fuerza de la gravedad. Dada su precaria situación, situado a más de doscientos metros del suelo y sujetado solamente por minúsculos agarres montserratinos, empezó a pedir a gritos que le volviesen a tirar la cuerda.

La cuerda llegó y pudo escapar del abismo in extremis pero entonces, Josep María Alsina, que había quedado entusiasmado por la idea dijo con voz decidida:

- ¡Lo haré yo! ¡dejadme la cuerda!

Todo el grupo se volvió preparar. Alsina se descolgó, alcanzó la sexta reunión, buscó buenos agarres para los pies y las manos, se desató, vió como la cuerda desaparecía pendiente arriba, miró hacia abajo, volvió la cabeza hacia arriba y navegó…

Y navegó consiguiendo uno de los largos más espeluznantes de la historia Montserratina.

Nuestro turno

Corrían los días de primavera cuando llegó nuestro turno. Bajo una meteo un tanto incierta pero con una temperatura ideal tuve la suerte de guiar esta ascensión a un buen amigo. Para él suponía cumplir uno de sus sueños Montserratinos de su interminable lista de deseos, para mí, como guía, la oportunidad de enseñar las leyendas de la Vilanovins y hacer posible un pequeño gran sueño para descubrir estos caminos verticales por los que voló Vicenç y navegó Alsina.

El primer largo es una tirada delicada, rústica y salvaje, de las que exigen una escalada selecta y tranquila. Aunque hay una cuerda fija, ésta se encuentra tan podrida que despertará los instintos más “puros” del escalador más impuro. Una de esas cuerdas de la marca “Niseteocurragarrarteaella”. El siguiente largo conserva algo de precariedad para dar paso a un aperitivo de cuatro largos de entre 7a y 7b grado “Sant Benet”, es decir, Ae V+ al estilo clásico. Aunque hay algún parabolt y/o espit la vía se encuentra equipada con el mismo material que fue abierta hace ya más de 30 años, pero con la gracia de que en la actualidad todos los buriles parecen querer escapar de la roca y sobresalen entre 1 y 2 centímetros desafiando las leyes de la lógica. Este equipamiento hace reflexionar sobre el hecho de que si no han saltado hasta el momento es simplemente porque pocos escaladores “han puesto” su empeño en ello.
El sexto largo, el de 6c, el mítico largo que Alsina navegó en free solo, tumba tanto como engaña. Cuando te lo miras desde la reunión parece fácil: está repleto de aparentes agarres buenísimos. La realidad es totalmente diferente y al final te encuentras con un “mar de códols” redondeados, romos, desagradecidos y pequeños que conforman un largo duro y peleón.

Aún se me pone la carne de gallina al pensar cómo pudo subir por ahí sin cuerda.

Alsina, es leyenda.

  Fotogalería de la Vilanovins


  Enlaces relacionados

  • ¿Te gustaría escalar una vía como la Vilanovins?
  • El Cavall Bernat de Montserrat.
  • La GAM de Diables.
  • Montserrat: Valentín Casanovas.
  • La Sánchez-Martinez de Diables.



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