Publicado por Ferran el 4 de Octubre de 2008 ( 11:41 am ) —
Este es un pequeño homenaje a dos personas. La primera nunca lleguĂ© a conocerla. MuriĂł este verano mientras escalaba en las Gaillands cuando cometiĂł un error fatal. Se llamaba “Ian” y su vida terminĂł demasiado pronto como para darse cuenta de su error.
El segundo homenaje es para una persona que conocĂ por primera vez hace más de diez años en mi primer viaje a los Alpes. No sĂ© cĂłmo se llama pero trabaja en la “Office de Haute Montagne” y tiene más paciencia que la madre teresa de calcuta y además sabe bastante más que muchos de los GuĂas de Chamonix.
Después de una charla de cinco minutos
habĂamos conseguido ponernos de acuerdo para esa misma tarde coger el cremallera de Montenvers, subir a la Charpoua e intentar al dĂa siguiente escalar la cara sur del Dru.
HacĂa unas pocas horas que habĂa conocido a Tom Rippley, un adolescente inglĂ©s que habĂa cumplido recientemente los 18 años y que visitaba por vez primera los Alpes. A pesar de todo, su curriculum era ya bastante extenso.
Encordarse a un autĂ©ntico desconocido puede resultar una temeridad, sobre todo si tu compañero de cordada es además de adolescente, inglĂ©s y primerizo en los Alpes, pero cuando estás acostumbrado a trabajar encordándote a desconocidos no resulta tan extraño. Aunque en el fondo aquel chaval me traĂa viejos recuerdos y decidĂ “cambiar” la historia.
El caso es que al dĂa siguiente intentamos escalar la vĂa “Contamine”, pero varias cordadas habĂan ocupado las primeras plazas asĂ que cambiamos de plan. Nos trasladamos un poco más a la izquierda en busca del “Pilar Stembert”, pero no llevábamos reseña y en el primer largo tomamos el diedro equivocado. Al descubrir nuestro error pensamos en dos alternativas, la conservadora y la aventurera, es decir, rapelar y coger el diedro correcto o bien continuar “parriba” a ver quĂ© salĂa.
Siempre solemos pensar que en los Alpes está todo abierto, que no hay camino trillado y que no queda diedro virgen por escalar. Seguramente por eso decidimos continuar por el diedro, confiando en que algo encontrarĂamos, sobre todo teniendo en cuenta que sĂłlo llevábamos un pitĂłn, un juego de tascones y un juego de friends. Pero despuĂ©s de trescientos metros sin tropezar ni tan siquiera con un mĂsero pitĂłn, sin encontrar ni una roñosa baga, ni un sĂłlo indicio de que alguien hubiese pasado por allĂ… empezamos a pensar que quizás estábamos abriendo vĂa. Superado el diedro a travĂ©s de una preciosa fisura encontramos la Contamine, pero un imponente pilar de granito rojo coronado por un techo y que estaba situado a la derecha de la vĂa original nos animĂł a seguir explorando camino. La escalada era genial, de sexto grado como mucho, pero unos pocos metros antes de alcanzar el techo la falta de material y de “hard grit” nos vimos obligados a escapar mediante un pĂ©ndulo in extremis.
Retomamos entonces la “Contamine” pero al poco decidimos tomar la directa. Embriagados por el sabor de la apertura nos aventuramos hacia la primera fisura interesante que encontramos sin percatarnos de que era demasiado tarde. Entonces el cielo empezĂł a oscurecer de repente y pensando que aĂşn quedaban muchos largos hasta la cima (¡tan sĂłlo quedaba uno!) decidimos iniciar el descenso.
Al alcanzar el vivac de la Charpoua no podĂamos creer lo que parecĂa una evidencia, ÂżhabĂamos abierto camino? El guarda del refugio de la Charpoua y sus reseñas asĂ lo indicaban. Y al bajar a Chamonix, en la “Office de haute montagne”, no tenĂan informaciĂłn de que por allĂ hubiese subido alguien antes que nosotros.
En homenaje al amigo de Tom bautizamos nuestra aventura con el nombre de “Litle Ian”, una nueva vĂa inacabada al Dru de 600 metros y hasta 6b/c abierta sin dejar más rastro que el de tirar algunos bloques peligrosos que enocntramos en medio del “camino”.
Fotogalería
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