Los Absurdos
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0.0 El vagabundo de los aires

eran las siete de una pegajosa tarde de verano cuando intentaba organizar los trastos que componían la tienda en la que dormiríamos. Tienda por decirlo así: palos deformes, lonas con ventilación, cuatro clavos para diez enganches... formaban la tienda más cutre de todo Chamonix, la tienda de unos auténticos vagabundos, unos alpinistas, unos vagabundos de los aires.
- ¡Y encima nos cobran! - gritó Toni algo enfadado - ¡Pero si esto no es una tienda!, ¡Esto son dos manteles que has traído de tu casa!.
- Toooni - dije con voz conciliadora - ya verás como una vez montada se aguantará derecha e incluso nos servirá para dormir, aunque..., ahora que pienso, ¿los palos...? ¿Dónde están los palos? - Exclamé nervioso mientras buscaba por el suelo.
Durante diez minutos busqué frenéticamente entre todas las cajas pero nada, no aparecían los dichosos palos de la tienda.
- Los tienes tú, Toni, los sé, que es una broma - dije a la vez que sonreía.
- No, en serio, yo no los tengo. Tu madre sólo me dio esta bolsa y la caja de comida - contestó a la vez que levantaba sus brazos demostrando su inocencia.
- Entonces... ¿Oh, nooo!, ¡mi madre olvidó poner los palos en la bolsa!.
¿Pero qué tenía que ver mi madre en todo esto? Unos días antes me encontraba en Courmayer cuando llamé a Toni para confirmar su llegada. Por el teléfono me comunicó que la tienda de campaña del Alcampo que pensaba traer para pasar las noches se la habían robado... ¡Una tienda del Alcampo, cómo era posible! ¡qué absurdo! Pero cómo yo tenía una vieja tienda canadiense en mi casa, le dije que no había problema, que se pasase por mi casa y la recogiese. Lamentablemente mi madre olvidó poner los palos de aluminio y estábamos a 900 kilómetros para volver a por ellos...
En medio de la confusión y los lamentos desaparecí y a los cinco minutos volví con dos palos secos y un cordino recogidos en el bosque. "Qué suerte que la gente sea tan guarra" pensé, y antes de que me diese cuenta la tienda ya estaba montada. Pronto cayó la noche y los tíos de Toni nos invitaron a su caravana, así que aquella noche cené como un rey y dormí con el estómago agradablemente lleno.


0.1 Tocando el vacío
al día siguiente, después de un buen desayuno Toni, sus tíos y yo planeamos una pequeña excursión para visitar el glaciar de Bossons. Siguiendo un camino que atraviesa las coníferas no tardamos mucho en llegar al valle en forma de "U".
- ¡Oh, es fabuloso! - gritó Isa resoplando.
El glaciar se había presentado de golpe, justo después de la empinada subida y entonces aparecía imponente con sus bastiones y columnas de hielo igual que un palacio de cristal.
Mientras los tíos de Toni nos esperaban junto a la señal, yo y mi compañero continuamos saltando alegremente de bloque en bloque y cruzando los pequeños riachuelos que entrecortaban el camino hasta que nos situamos delante de la lengua del glaciar.
- Aquella plataforma parece segura. Allí nos equiparemos.
- Sí Toni, aquel desplome parece interesante y la verdad es que este sitio parece muy tranquilo.
Pero aquella tranquilidad sólo duró unos segundos: cómo si de una burla se tratase un enorme bloque de hielo grande como un balón de playa nos pasó rozando las espaldas.
Una vez olvidado el susto comencé a trepar por el hielo en dirección al muro de "cristal" desplomado. Cuando Toni se unió a mí montó una reunión y me cedió el gusto de tirar de primero. Calculo que la inclinación debía rondar los 95º. Nunca antes había hecho escalada en hielo puro pero siempre es bueno comenzar por algo difícil, así luego todo lo demás parece fácil. Con bastante seguridad ascendí los 3 metros iniciales y me detuve para colocar el primer seguro. Al poco rato cuando ya lo había metido le mosquetoneé la cinta "explose casera".
- ¡Tres metros más y pondré el siguiente seguro! - grité a mi compañero.
Aferrado solamente al piolet izquierdo para poder poner el siguiente seguro, la dragonera comenzó a estrangularme la muñeca y el dolor no esperó, apareció en forma de calambres punzantes. Eran los efectos de tocar el vacío. Con el tornillo de hielo "ruso" la tarea fue aún más difícil. Completamente agotado e intentando guardar el equilibrio conseguí fijarlo, aseguré la cuerda y recorrí rápidamente los últimos metros del potente desplome.
aliviado por la inclinación, que se hizo más benévola, proseguí por un terreno un poco más cómodo, de unos 90°. Como un metros más arriba el bastión parecía tirar hacia adelante decidí no gastar mi último tornillo y lo reservé para la reunión. Cuchillada a cuchillada fui trepando por el cristalino hielo con la confianza de haber superado el tramo más difícil. Ya no me importaba que la helada agua de fusión me estuviese dejando chorreando. El último paso, mucho más fácil, fue genial: se trataba de un estrecho tubo de hielo que me condujo a la cumbre. Cuando miré hacia abajo cogí aire y sonreí. Debajo del desplome Toni resolvió que no subiría, que prefería bajar para despedirse de sus tíos, que hacía tiempo, se habían marchado. Monté el rapel en el puente de hielo que formaba el tubo y descendí.
Un poco más tarde nos encontrábamos en el camping apenados por no haber podido despedirnos de sus tíos. Habíamos llegado tarde. El resto del día transcurrió en blanco y negro, con el cielo cubierto por grisáceos nubarrones que nos serenaban como narcóticos. Ya eran más de las diez cuando de un soplido apagué la vela para descansar.


0.2 Grandes Paredes
hoy es un gran día. Impaciente por escalar la "Walker" me despierto a las seis menos cuarto. Descargo el vientre y desayuno algo. Mientras tanto Toni sigue durmiendo ignorando mis ruidos.
- ¡Empezamos bien!, ¡vamos gandul, despierta!
Apresuradamente salimos hacia Chamonix donde tendremos que coger el cremallera de Montenvers. Como es normal, y célebre en nuestra cordada, llegamos tarde. Tenemos diez minutos para patear lo que normalmente recorremos en media hora. Pero hoy es nuestro día de suerte y el primer coche que pasa nos coge. Son unos alpinistas de Barcelona que pretenden hacer la ruta de los cuatromiles. Llegamos justo a tiempo a la estación de Montenvers, y casi en plena marcha saltamos al cremallera.
- ¡Uf ! Ha faltado poco para perderlo, ¿ Eh, Toni ?
- Sí, pero ya estamos en él.
El traqueteo me aletarga y en un instante me duermo pensando en lo curiosa que es la vida, si logro acabar esta vía será mi ascensión número 30. Saben a poco, mejor dicho a nada. Hace cinco años que conozco la escalada, tres años que hice un cursillo y dos que ya tenía el equipo básico de escalada, es decir, que empecé a escalar.
- ¡ Ferran, despierta !. ¡ Mira ! ¡ mira !
A pesar de estar medio adormecido entendí que algo emocionante me esperaba detrás de mis párpados. Me limpio las lagañas y cuando retiro mis puños justo delante mío aparece el DRU. Ni me ha dado tiempo a cerrar la boca cuando Les Grandes Jorasses asoman su imponente cara norte. Quedo hipnotizado, no hay vuelta atrás, he caído en su hechizo.
- Te has fijado que todo el mundo mira a les Jorasses Es una pared impresionante.
- Mis comentarios no tuvieron contestación. La cara de Toni expresaba fascinación y temor y parecía decir: " ¿Por ahí vamos a subir? ".
Una sacudida nos espabila y en un brinco ya hemos salido del cremallera. Estamos situados en un mirador privilegiado, nos rodean Grandes Paredes como el Dru, la Aiguille Verte, el Charmoz , al fondo les Grandes Jorasses y a nuestros pies el camino a seguir, un enorme glaciar que se desliza poco a poco, es la corriente de hielo más vasta de todos los Alpes: la Mer de Glace.
Transportados por la multitud descendemos por unas enormes escalinatas de granito hasta que justo antes del glaciar el camino se corta en un enorme precipicio. Inmediatamente descubrimos la ruta a seguir por unas empinadas escaleras corroídas por el óxido. Casi empujados por la auténtica romería que nos sigue nos deslizamos por las escaleras y al final pisamos el glaciar. El camino tallado a golpe de crampón nos conduce hasta la confluencia de glaciares.
En este lugar se adentra hacia la izquierda entre pedruscos y tierra machacada hasta que se vuelve a introducir en el hielo. Un corto paseo por encima del pulido glaciar de Leschaux y cuando llegamos a la altura del refugio paramos un momento para descansar.
Estando Toni y yo sentados mientras comentamos la soberbia de un lugar como éste, el suelo literalmente se movió. Un gran quejido nos hizo levantarnos de un bote.
- ¿Qué...qué ha sido eso? - Preguntó Toni bastante exaltado.
- ¡Qué ! ¿ No lo entiendes ? es el movimiento del glaciar.
Estuvimos un buen rato escuchando los sincronizados crujidos del glaciar: exactamente cada 3 segundos el suelo retumbaba bajo nuestros pies.
Con la excusa de cagar dejé a Toni sentado con las mochilas y me fui hacia el refugio para copiar la reseña pues me la había descuidado.
- Y no te olvides decirle al guarda que estaremos en la Walker.
Comenzaba a "rallar", era la milésima vez que me lo recordaba.
A las diez reemprendimos la marcha sin saber lo que nos esperaba, camino de un futuro incierto...
La pendiente aumentaba poco a poco, al mismo tiempo, las grietas crecían y se hacían más numerosas y profundas.
- Bueno, la reseña lo decía claramente: " atacar directamente el espolón". Y si te fijas parece que hay traza.
- Sí..., sí. ( resoplidos )
Últimamente Toni solo había hecho escalada deportiva donde las aproximaciones son cómodas y cortas. Ahora lo estaba pagando.
- Y ya que paramos podemos hacer una foto de la cordada bajo el espolón.
- ¡ Ahí está !



0.3 La zona de la muerte
era un infierno de hielo, habíamos caído en la trampa del glaciar. ¡ Atacar directamente ! ¡ atacar directamente !. A quién se le ocurre poner eso en un libro, da pie a malentendidos. Pero lo peor de todo es que no podía quitarme de la cabeza que fue precisamente aquí donde las fauces del glaciar se tragaron a Fredy.

"Solamente he pasado realmente miedo en cuatro ocasiones. La primera fue en la Paret del Diables, en Montserrat, cuando escalando en solitario me había dado veinte metros de cuerda para ir más rápido y por equivocación me desvié de la vía. De repente me encontrñe en una fisura desplomada sin poder retroceder y a punto de estamparme no tuve más remedio que tirar hacia arriba con los veinte metros de cuerda libre. La segunda vez, fue también en Montserrat, en la Valentín Casanovas de la Paret de l´Aeri. Sabía que había una famosa bavaresa pero no sabía porqué. Cuando llevaba 40 metros sin poner ningún seguro (pues la fisura estaba limpia y yo no tenía ni friends ni excéntricos) y me encontraba delante de la reunión con los brazos reventados lo comprendí. La tercera vez fue en una vía de escalada artificial de Sant Llorenç del Munt, donde en un A3+ que estaba intentando en solitario me saltó un plomo de los que estaban puestos justo después de anclarme al siguiente seguro que había puesto (ese seguro era el primer pitón falcado que había puesto en toda mi vida...¡y no lo había probado!). Y ya estamos en la cuarta, que era entonces, era cuando intentaba salir de aquel laberinto de grietas."

Escapar de allí, de La Zona de la Muerte, nos costó 4 horas. Pero por suerte un enorme sérac que se desplomó a nuestra izquierda nos hizo correr despavoridos un buen trozo con lo que ganamos algo de tiempo.
La rimaya no ofreció ningún problema. Con gran ilusión para mí encabecé la cordada y conseguí tocar la roca de una vía mítica: era el primer largo de la Walker. Se trataba de un tramo fácil, aunque la roca dejaba mucho que desear. Era un diedro que desembocaba en el filo de un espolón. Casi decepcionado fui subiendo por el puzzle de enormes bloques de granito hasta que monté reunión.



0.4 Érase una vez el sexto grado
sin contratiempos los largos se iban sucediendo hasta que llegamos al primer paso clave. Se trataba de la famosa fisura Rebuffat. Un mosquetón a la derecha del trazado original me atrajo y me condujo a un tramo de dificultad extrema, de sexto grado Mi ambición para ampliar la colección de mosquetones encontrados me arrastró hacia una ratonera. ¡Si hubiese traído la descripción del Rebuffat! Coloqué una baga en la punta de una piedra de las que dan risa porque sólo trabajaba bien con una fuerza totalmente vertical, y comencé a escalar hacia la derecha... Era verdaderamente difícil. La respiración enloqueció mientras la dificultad no decrecía. Los pequeños agarres y la mochila que actuaba como una auténtica ancla me dejaron indeciso en medio del paso. ¿Continuar o renunciar? Las fuerzas comenzaron a flaquear y estaba casi seguro que la ruta no transcurría por ahí así que renuncié a intentarlo y acabé gastando destrepando. Muy apuradamente conseguí llegar a la baga y cuando me afiancé a ella saltó. El vuelo no se hizo esperar y la fuerza de la gravedad me arrastró hacia el vacío. Para ponerle más emoción al batacazo la cuerda la tenía por detrás de las piernas con lo que me aseguré un mortal hacia atrás.
- ¡¡¡Oeee!!!
Boca abajo, aturdido y sorprendido por mi primera caída en vía larga tranquilicé a mi compañero pues no me había pasado nada.
- ¡Para una vez que caigo y tenía que ser precisamente aquí !.
- ¿ Estás bien ?
- Un momento...dentro de poco lo estaré -. Contesté mientras me daba la vuelta.
A pesar de que todo el mundo estaba al revés pude observar lo que me había parado: un viejo pitón oxidado.
Lo peor que podría haber pasado (sin contar que el pitón hubiese saltado) fue que hubiese tenido que buscar con un microscopio los restos de la mochila pues las correas de las hombreras con el saque estuvieron a punto de soltarse. Encima tenía los brazos destrozados y tardaría un tiempo en recuperarme.
En vistas de mi estado mi compañero coge el material y después de un corto péndulo prosigue sin complicarse por el trazado original. Eso sí, conseguí mi propósito y el mosquetón me lo llevé...



0.5 Estrellas y Borrascas
eran aproximadamente las 19´30 cuando mi compañero me pidió que hiciéramos vivac en la plataforma que hay justo después de la fisura Rebuffat. Tanto hacer tochos le había bajado la forma física y ya no estaba acostumbrado a aproximaciones interminables ni a situaciones de las que forjan el espíritu. Le dije que al menos me asegurase para adelantarme e instalar el siguiente largo y de este modo avanzar un poquitín. Pero cuando volví a la plataforma el estado de mi compañero es verdaderamente lamentable: hecho un ovillo, acurrucado como una cochinilla no hace más que dar gemidos cuando intentaba hablar con él. Comencé a pensar si alcanzaríamos los 4203 metros... ¡En helicóptero!
Al asegurarnos largo a largo habíamos tardado bastante tiempo en escalar 300 metros. Reflexionando llegué a la conclusión de que si no queríamos batir el récord de permanencia en pared al día siguiente tendríamos que escalar los tramos fáciles al ensamble.
No había ni el menor rastro de Borrascas, la noche era realmente despejada. Hacía tiempo que no veía brillar tanto las Estrellas, incluso pude contemplar una estrella fugaz. Mi deseo no fue "hacer la Walker" sino -como siempre- otro mejor: "que se cumplan todos mis deseos". Con aroma a comida caliente, plumón y funda de vivac no me resistí, me dormí envuelto en mis pensamientos...



0.6 Luces de montaña
a la una de la madrugada el envidioso de Toni, que no había podido pegar ojo, me despertó. Medio adormecido y con los ojos lagañosos miré donde apuntaba su dedo y vi aparecer las primeras luces abajo en Leschaux. Eran cuatro cordadas hacia la Walker y dos hacia las Pequeñas Jorasses procedentes del confortable refugio.

"Es una forma aburrida de practicar el alpinismo que no me gusta nada, ni a mí ni a mi compañero. Nuestro estilo (más auténtico y sobre todo más económico) se basa en no utilizar refugios en la medida de lo posible".

Era agradable dormir allí arriba mientras las luces brillan abajo. A las seis de la madrugada me desperté y comencé a fundir nieve. Nunca antes lo había hecho. Tardé una eternidad y cuando acabé, a las ocho, ya nos atrapó la primera cordada. Al parecer era un escalador práctico: no llevaba mochila, no montaba reunión y encima aseguraba a su compañero a mano (!). Pero su compañero no se quedaba corto, subía más rápido que el hombre araña. Las dudas desaparecieron cuando detrás de la cuerda brotó una mochila. Era un escalador que va en "solo" y lleva una cuerda para remolcar la mochila en los pasos difíciles. Su macuto era su fiel compañera, sus manos, sus dos amuletos. Con una amplia sonrisa nos preguntó si éramos alemanes. Seguramente lo dijo por la inscripción de mi casco, RAD, que en alemán significa rueda. Salí pitando por la cuerda fija que dejé instalada la tarde anterior y cuando llegué a la reunión comencé a asegurar a Toni. Mientras tanto el "solitario" me había seguido.
De repente Toni se tiró y comenzó a pendulear.. En décimas de segundo pude observar como se acercaba hacia el "solitario". Luego lo arroyó con la cuerda en tensión pero el solitario, con las fuerzas que dan el miedo a morir se aferró a la roca con una mano y con la otra se quitó la cuerda de encima. O estaba loco o padecía el mal de altura. Casi consiguió que aquel alpinista solitario realizase el descenso sin cuerda más rápido de la Walker, ¡casi lo mata!. Pero lo mejor de todo fue que el solitario, en vez de tirar una piedra a la dura cabeza de mi compañero o de cortarle la cuerda, siguió con su amplia sonrisa de foto de carné.



0.6 Todo es posible
cuando me preguntaba cómo le iría a la cordada que empezó un día antes que nosotros escuché un silbido semejante al de un avión cuando cae en picado.
No tardé en averiguar cómo les iba a los de arriba: por el rabillo del ojo veo caer algo que explota al lado mío, una enorme piedra del tamaño de un "seiscientos" (está claro que exagero).
¿Cómo era posible que se les haya caído semejan piedra?
Con un suspiro comprobé que no le ha pasado nada a nadie. Eso sí, con una amplia sonrisa el "solitario" me pide permiso para utilizar mi cuerda para asegurarse, es demasiado para él. Cortésmente se la cedí.
Continuamos progresando a buen ritmo hasta que nos alcanzó otra cordada formada por dos suizos con cara de expertos. Después de superar unos complicados desplomes me vi frenado bajo un terreno imposible que me recordaba la caída del día anterior. Así que comencé a interrogar a Toni de si estaba completamente seguro que la senda a seguir era por la izquierda. "Que si, que si", me aseguró él. Entonces, a mi derecha, aparecieron los Suizos escalando como rayos. Sin comentarios, pues no tenía ganas de discutir, continué hacia la derecha progresando al ensamble para recuperar el terreno perdido. Antes de llegar al diedro de 90m conseguimos recuperar el tiempo perdido y encima les adelantamos. Pero mientras intentaba recuperarme del esfuerzo que suponía arrastrar los 50 metros de cuerda al escalar al ensamble cuando Toni me alcanzó y estábamos a punto de hacer el relevo me pidió que tirase de primero.
"¡Bien!, me encanta la presión", pensé para mis adentros.
El suizo, que se había picado, iba pisándome los talones, subía cómo una moto y encima chapaba en mis cintas. Salimos casi al mismo tiempo, yo con unos metros de ventaja, pero aquel tipo estaba muy curtido en escalada atlética y tuve que emplearme a fondo para conseguir llegar a la siguiente reunión antes que él. Entonces, cuando me alcanzó, pasó de largo y continuó al ensamble.
¡Me había devuelto la jugada!
El siguiente largo lo encabezó Toni, que está pagando las duras consecuencias de escalar en camiseta manga corta (de hecho nunca lo había visto escalar tan rápido).
Cuando llegamos al péndulo encontramos al "solitario" y los suizos discutiendo sobre el camino a seguir.
- Será posible que no nos dejen adelantar. - grité mientras me cagaba en todo.
- Ya me lo temía Ferran, si nos han adelantado ha sido para tirarnos piedras.
- La verdad es que no sé como nos han podido aventajar.
Al cabo de "media hora" (naturalmente que exagero) decidieron seguir por un flanqueo que evita el péndulo por debajo. Parecía difícil pero en realidad era fácil (como mucho Vº). Pero aquí no acabó la pérdida de tiempo, para hacernos malgastar la paciencia el suizo se tiró más de un cuarto de hora (y no exagero) intentando quitar un pitón. Finalmente le obligué a que siguiera y le aseguré que mi compañero, que iba de segundo, lo quitará . "Don´t worry, we happy", le dije sarcásticamente.
Pero su venganza fue peor: no me dejaba adelantar y cuando llegué a la reunión me decía que no había sitio, que me espabilase...

Ya había perdido de vista a los Suizos cuando Toni llegó y, sin desperdiciar ni un segundo, continuó trepando. Al llegar a las placas negras los volvimos a atrapar y, cumpliendo con mi palabra, les devolví el pitón. Aprovechando la parada saqué la cantimplora y el suizo se quedó alucinado al ver el líquido que contenía. Cómo no teníamos estropajo el pote había quedado lleno de trozos de macarrones. Luego lo pagamos caro al tener que hervir nieve en el mismo recipiente. Así que hice tripas y corazón y me tragué aquel repugnante mejunje.
- ¡ Puaj ! Está deliciosamente asquerosa. ¿ seguro que no quieres agua con sabor a macarrones ? - dije a Toni maliciosamente.
- No, gracias, no estoy vacunado.
Toni se había negado rotundamente a beber de aquel brebaje y sólo se consolaba lamiendo el agua que de vez en cuando rezumaba por la pared.
Entretanto el Suizo ya se había esfumado detrás de una placa de granito amarillo.
- Toni, ¿esto son las placas negras ?
- Espera que lo mire..., según la reseña sí.
- Pues se habrán desteñido. ¡ qué voy !


0.6 La muerte pesa
el sol seguía su paulatino recorrido y ya era más de mediodía cuando llegamos al nevero triangular. Aquí nos encontramos nuevamente a los Suizos equipándose con los artilugios de hielo.
"Ahora os vais a enterar del Montserrat power climb", les dije vocalizando claramente. Sin dejarles tiempo a reaccionar, al ensamble y con pies de gato alcancé a los suizos y los rebasé realizando un formidable adelantamiento que sorprendió hasta mi compañero. La escalada fue entonces fugaz y con mucho compromiso.
No sé como me lo monté pero consigo superar el nevero con pies de gatos y después de pasar un pequeño techo mis ganas por llegar a la cima se vieron refrenadas por la tristemente famosa "Chimenea Roja". Para mi sorpresa está completamente helada.

"Tiempo después me enteré de que mientras íbamos al ensamble Toni había tenido una caída en el Nevero Triangular. Por suerte se le enganchó el fifí a un tornillo de hielo que estaba a punto de sacar..."

Perdido en mi imaginación y continuando aún en la técnica de progresión al ensamble, noté un fuerte tirón que me hizo aferrarme a la roca como un gato en la copa de un pino. Inmediatamente me giré para ver lo sucedido y busqué el otro extremo de la cuerda.
- ¡No me lo puedo creer!, ¡y cómo pesa - exclamé mientras trataba de no perder los agarres.
Fue entonces cuando comencé realmente a pensar que a Toni le había afectado la altura pues está subiendo por la cuerda a pulso, ¡y el que le aguantaba era yo! Sin perder un instante monté una reunión muy ingeniosa con dos tascones y un fifí trabajando de gancho para que no se encastasen y cuando llegó Toni montó una reunión a mi lado y me pidió que continuase yo. Empecé a escalar por la helada chimenea con una mano en la roca y la otra en el piolet y, sin problemas, llegué a la siguiente reunión. Luego me relevó Toni y al poco continué yo encabezando la cordada, pero entonces sí, con botas y crampones. Flanqueé hacia la derecha por una placa de hielo y por un mixto fácil en forma de "diedrillo" hasta que llegué al siguiente punto de descanso. Hacía tiempo que habíamos perdido de vista a los suizos. A partir de allí Toni volvió a tomar la delantera por un flanqueo hacia la derecha en adherencia pero provisto de buenos agarres. Éste dio paso a un delicado pero fácil diedro por el que caía un pequeño riachuelo. Montó reunión y acto seguido le adelanté hasta que la cuerda se acabó y entonces continué al ensamble.
Estábamos otra vez en el filo del espolón y la roca se amontonaba en forma de grandes bloques, alguno de ellos movedizos y peligrosos.



0.8 Bájame una estrella
eran las siete y media de la tarde y a unos sesenta metros de la cima encontré un buen replano. Teníamos tiempo de sobra para llegar a la cima pero ya no había suficiente luz para hacernos la foto soñada, la foto de la cima. Además la cumbre se veía muy nevada y con las precarias y pequeñas esterillas que llevábamos no me v´ haciendo un vivac sobre la nieve. Monté reunión y le expliqué mis pensamientos a Toni. No lo me replicó , además, se estaba cagando (en el sentido físico de la palabra).
Segundo vivac en pared pero con sabor a cima, con la complicidad de que al día siguiente tocaríamos el cielo, las capas "altas" de la troposfera.
- Toni, ¡Ya puedo tocar las estrellas! - exclamé contento.
- Pues bájame una
Después de saborear un plato de macarrones con salsa Venus me atacó una tripanosomiasis aguda, más conocida como la enfermedad del sueño.



0.9 En los límites de la tierra
ya había salido el sol y unas voces nos despertaron. LOS SUIZOS. Espoleados por nuestros perseguidores salimos casi volando hacia arriba. Mientras iba resoplando por el enorme lastre que suponían los 50 metros al ensamble, el horizonte, poco a poco, fue apareciendo. Justo cuatro metros antes de la cima monté reunión y le cedí el honor a mi colega. A las nueve de la mañana no pudimos subir más arriba, estábamos en la cima, el punto final...
Habíamos llegado a nuestra meta, a los límites de la tierra. Realmente se había cumplido el sueño más grande de mi vida. Las nubes flotaban allá abajo mientras mi mirada volaba perdida dando vueltas. Desde allí se podía ver incluso la curvatura de la Tierra.
- ¡No! la maldita cámara ya no funciona - expliqué a Toni con voz de impotencia.
Hasta entonces lo hizo a golpe de puño pero aquel método ya no dio resultado. Me dieron ganas de tirar la cámara por el barranco, pero pensé, "para que le de a alguien en la cabeza". Probamos a calentarla con nuestros cuerpos, pero nada. Después de arrastrarnos como náufragos por aquel enorme mar de piedra llegamos a la cima y la maldita cámara no funcionaba.
- ¡Cómo que no funciona ! - replicó Toni - ¡Y como que no pesa la condenada!
- Es igual, ¿para qué está la cabeza?
Llegaronn los suizos, a pesar de todo los felicitamos y nos marchamos hacia un camino desconocido (pues no lo conocíamos) hacia el pueblo de Courmayer en la vertiente italiana.
Siguiendo unas huellas alcanzamos la cresta e incluso vimos gente que no tardamos en alcanzar. Había varios rápeles inútiles en el que tuvimos que hacer cola. En uno de ellos Toni me propinó sin querer una fuerte pedrada en toda la mollera. Sin duda el casco me salvó mi frágil cabeza y por suerte no me quedé tonto del golpe (o al menos eso creo). Aguantamos la espera un buen rato hasta que nos cansamos y les adelantamos destrepando. A partir de entonces no realizamos ningún rapel más hasta que llegamos al final de la cresta dónde, para alcanzar el glaciar, hay que hacer uso de las cuerdas. Mientras plegaba la cuerda Toni salió disparado siguiendo la traza abierta. Desapareció detrás de una loma de nieve. El primer tramo del camino pasaba por un terreno repleto de grietas. Cuando estaba en la mitad de éste se escuchó por encima de mi cabeza, en las paredes de la cara sur, un ruido tremendo, sordo y retumbante. Al asomar la cabeza observé un desprendimiento que se dirigí hacia la derecha. Contemplando el fabuloso espectáculo desde el privilegiado observatorio empecé a comprobar con gran terror como el desprendimiento cambiaba su dirección hasta encarrilarse directamente hacia mí.
Lo que vino después fue algo digno para escribir en un libro. Pero logré salir con vida y prácticamente ileso.
Me sacudí la nieve y continúo hasta que gané la loma y pude ver a Toni un centenar de metros más abajo. Entre peligrosos resbalones y dolorosas autodetenciones sin guantes no conseguí atraparlo hasta que alcancé la roca. En unos minutos llegamos al refugio Boccalate dónde encontré a los Suizos que habían bajado por otro camino. Reposamos un tiempo y reemprendimos nuestro descenso por un empinado senderuelo.
Al final llegamos a la carretera y nuestros pies nos recriminaron los cerca de 3000 metros de desnivel por los que los habíamos arrastrado. Se quedado blancos, insensibles y despidiendo humo.
La vertiente italiana muestraba un paisaje soberbio.
- Y pensar que no hace mucho yo formaba parte de aquel mosaico.
- Sí - contestó Toni - somos unos afortunados...



0.10 La montaña resplandeciente
en tanto esperábamos el autobús propuse hacer autostop para ganar tiempo y ahorrar dinero. Primero probó él. Pero no tuvo mucho éxito y al poco tiempo se cansó. Entonces me puse yo pero con el sistema analítico: mientras pasan coches buenos y caros descansaba sobre el muro de piedra. Toni se quedó sorprendido por mi técnica hasta que me levanté y al primer intento conseguí una furgoneta de un guía francés. Entablamos una conversación en inglés y nos felicitó al averiguar la ascensión que habíamos realizado. Antes de llegar a la parada nos apeamos y nos despedimos. Se excusó diciéndonos que debía hacer un trabajo.
Por suerte aquella zona ya me la conocía así que rápidamente llegamos a la parada. Pero ni siquiera nos habíamos sentado cuando el ruido de un claxon nos sorprendió. Nos giramos y encontramos el guía que ya había acabado el trabajo y se nos ofreció para transportarnos al otro lado de la montaña. A pesar de intentar pagar parte del peaje del túnel el guía se negó rotundamente y llegamos "de gratis" a Chamonix.
En el camping nos duchamos y comprobamos con mucho asombro que nuestros estómagos debían tener un agujero pues no pararon de devorar alimento. Al final, ya entrada la noche me empotré entre los trastos dentro de nuestra destartalada tienda y me acosté. Con la mirada clavada en los improvisados palos de madera que sostenían nuestro "hotel" me dormí temeroso por el día en que la tienda se vendría a abajo.

" Y escalamos la montaña resplandeciente"

 


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