La Casa del Pánico
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Miguel Monteiro Grillo  
  La Casa del Pánico
 

0.0 Así nace un proyecto

era una tarde soleada de finales de Agosto y nosotros cuatro peleábamos con unos apetitosos bocadillos sentados en la hierba del camping "Les Arolles" en Chamonix. Hacía dos días que Paulo y Nuno "Larau" habían escalado la Walker en la norte de las Jorasses, y yo y el João "Animado" nos habíamos bajado de la Directa Americana en la oeste del Dru. Estábamos preparándonos para partir hacia Portugal pues el dinero (¡como siempre!) se estaba acabando y las previsiones del tiempo no eran del todo buenas. Paulo libera su pensamiento y con una voz sospechosa habla pausadamente acerca de un posible proyecto: "hace unos años cuando escaléa la norte del Piz Badile en Suiza, pude observar en las agujas cercanas del grupo de Sciora una pared perfectamente vertical, con grandes techos, de unos 600 metros de longitud y con un pequeño glaciar a sus pies, que parece más bien una aguja patagónica. Y además, posteriormente he comprobado en una guía de reseñas de la zona que dicha pared sólo tiene una ruta en su flanco derecho, lo que quiere decir que la parte más impresionante de toda la aguja y por increíble que parezca, no tiene ruta alguna." El silencio invade nuestras mentes y apenas se podía oír el ruido del resto de la gente y el ritmado trincar de nuestros maxilares en los bocadillos, cuando Paulo continúa: "pienso que sería un bonito proyecto intentar a abrir ahí una ruta el próximo verano al más puro estilo bigwalleiro, con hamacas, petates, varios días en pared y todo lo demás…". Después de algunos segundos de silencio más, alguien con una voz entusiasmada exclama: "eso me parece una excelente idea". Entonces, como niños encantados, se disparan los comentarios: "ya está, próximo verano vamos al grupo de Sciora", "va a ser una pasada", "no, va a ser un sueño"…


0.1 ¡Los primeros!

el día 23 de Julio, Paulo y João "Animado" salen de tierras lusas en dirección a los Alpes en la vieja furgoneta VW de João pero parando antes a escalar un rato en algunas zonas de España. Llegan a Suiza y en el parking de Val Bondasca hay un aviso diciendo que es necesario pagar permiso de estacionamiento. Claro que no hicieran caso, y después de preparar los pesados y abultados petates marcharan por un sinuoso (¡y siempre ascendente!) sendero en dirección al grupo de Sciora. Cuatro horas después, cuando pasaban delante del refugio, se percatan que alguien se dirige hacia ellos apresuradamente y gritando, diciendo cosas en alemán con una voz poco amistosa. Es la guarda del refugio que al verlos con tan grandes bultos a la espalda se apresura a aclarar que es expresamente prohibido acampar o vivaquear en toda la región, y los amenaza con pesadas multas, helicópteros de la policía, bla, bla, bla….Ellos intentan explicar que van a intentar abrir una nueva ruta en una pared a dos horas del refugio, pero la guarda con la insensibilidad y arrogancia característica de la mayoría de las personas de Suiza, no los deja pasar. Después de una (¡muy cara!) noche en el refugio, sin saber lo que hacer, deciden marchar temprano para arriba y probar si las amenazas son verdaderas. Una hora más tarde, después de atravesar una instable morrena de glaciar, plantan una grande y flameante tienda color naranja (¡al mejor estilo base-camp!) en una lengua del glaciar en la blancura de la nieve (¡no daba nada en las vistas!). Los siguientes días los pasan haciendo porteos a la furgoneta a buscar más material y comida, intercalados con días de escalada, abriendo los primeros 3 largos de la línea elegida, dejándolos equipados con cuerdas fijas. El primero largo por una rampa de roca cutre y muy expuesta a la caída de piedras que regularmente venían de arriba a toda velocidad, el segundo y tercer largo por un estético diedro de 90 metros de granito gris.


0.2 ¡Los segundos!
algunos días después, al final de una lluviosa tarde, llego yo y Nuno "Larau", pero antes de atravesar a Suiza cenamos una deliciosa pizza (¡y qué bella ragazza!) y nos ponemos camino de la primera barrera de problemas: la frontera. Es que siempre que nosotros hemos ido a escalar a Suiza, siempre hemos tenido un mogollón de problemas para entrar en este bonito pero arrogante país, sin nunca entender cuál es la razón. Una vez más las dificultades surgen y sólo después de un intenso interrogatorio conseguimos llegar a Val Bondasca (¡claro que sin pagar el parking!). Ahí nos esperan Paulo y João "Animado", así como una extenuante subida de cinco horas de petates a la espalda hasta nuestro "campo base". Al llegar, João recibe una grave llamada de Portugal y debajo de una tremenda tormenta de granizo recoge sus pertenencias indispensables y sale a toda prisa sendero abajo y se monta en su "novísima" furgoneta (¡que alcanza la espectacular velocidad de 90 Km/h!) en dirección "non-stop" a tierras lusitanas.


0.3 La tapia...
con el sol de la mañana nos despertamos, y al salir de la tienda me quedo asombrado por la imponencia de "nuestra" pared.
- Qué tal, ¿te gusta?
- Bonita ¿no?, cuestiona Paulo.
- Hostia ¡que tapia!, le contesto.
- ¡"Larau", despierta!, ¡mira!, ¡mira esto!
En el mapa del glaciar se forma un circo de paredes de granito, y en el contrafuerte de la derecha sobresalía una vertical pared recortada por un gran techo en medio e inmensos diedros y placas se lanzan al cielo en una provocadora actitud de vacío, terminando en uno temible "head-wall" Yosemitico.
- ¡No es posible que en un país con tanta tradición alpina y en unas montañas tan exploradas como los Alpes haya una pared de tamaña belleza y de carácter desafiante, apenas con sólo una ruta!, exclamo admirado.
- ¡Pues, es verdad!, contesta Paulo a la vez que sonríe.
- ¡Esto nos va a dar mucho curro!, dice Nuno "Larau".
- ¡Sí, vamos a pasar un bueno rollo!
- Sí…sí…


0.4 La Rutina...
los siguientes días se resumen en "pasear" subiendo el glaciar, subiendo las cuerdas fijas, bajando las cuerdas, bajando el glaciar…siempre con "ligeros" y "confortables" petates enganchados a la espalda, porteando "cosa poca": 200 metros de cuerda, 40 y tal friends, más de 50 clavos, decenas de chapas, buriles, plomos, rurps, empontradores, micros…, 30 litros de agua, comida para 8 días, dos hamacas dobles, sacos de dormir, ropa, etc., etc., etc….
También había tiempo, en los intervalos de descanso, para hacer un poco de bulder en los bloques cercanos, pero eso si, con botas y gore-tex encima pues el frío mordía ferozmente nuestros cansados cuerpos.
Los muchos días de lluvia eran pasados (¡muy alegremente!) encerrados en la tienda, en una dura rutina de dormir, despertar, comer (¡poquito, que la comida era poca!), volver a dormir… todo en un calentito y perfumado ambiente de eterna luz anaranjada.
En los numerosos días pasados en este campo base, nadie (¡policía!) nos ha incomodado, y pocas han sido las personas que han pasado cerca de nosotros. Apenas por dos o tres veces hemos avistado alguna cordada escalando un espolón en una aguja cercana. Por increíble que pueda parecer, teníamos la sensación de estar en alguna remota zona de otra cadena montañosa.


0.5 El Ataque...
un cierto día, el cielo había despertado despejado, y nosotros completamente saturados de "campo base" tomamos la decisión:
- ¡Venga, marchamos para arriba ya!
- ¡Uf!, ¡ya no era sin tiempo!
- ¡A la tapiaaaaa……!
Glaciar arriba, jumarear las cuerdas, izar los petates, preparar las hamacas, organizar el material y:
- ¡Oye, a escalar que ya se hace tarde!
- ¡Yo tiro de primero este largo!, dice Paulo con una voz alegre y motivada.
- ¡Vale, tira para arriba que yo me quedo montando nuestro campo suspendido!, le contesto.
- ¡Venga Paulo, yo te aseguro!, ¡pero ojo con esos bloques de ahí arriba!, dice Nuno "Larau"
en un tono un poco preocupado.
Paulo inicia el próximo largo por un bonito diedro, tirando un poco en libre, tirando un poco de los estribos, mientras yo peleaba frenéticamente con las dos hamacas y los petates, intentando con mi mejor esfuerzo organizar nuestro campo de pared a 180 metros sobre el glaciar. "Larau", encogido por el frío, miraba fijamente a los bloques por encima del diedro. Era precisamente el final del dicho diedro, que se empezaba a delinear algo que nadie quería imaginar, pero que más tarde se vendría a constatar. Paulo, dando todo lo mejor, poniendo toda su experiencia y extraordinaria fuerza, logra vencer el miedo y pasar por un terreno de enormes lajas y bloques sueltos, que tenían un aspecto y un sonido del más terrible que alguna vez habíamos avistado. ¡O así lo pensamos nosotros! En aquel granito que de abajo parecía de elevada calidad y de inigualable solidez, a la medida que avanzábamos mostraba su cara más atroz, quien sabe, su inviolable superioridad.


0.6 ¡La Casa del Pánico!
era una fría y gris mañana, el cielo estaba a punto de descargar su furia pero, para nuestra suerte la lluvia tardaba en llegar. Sentados en las hamacas, medio metidos en los sacos de dormir, mirábamos aprehensivos el gigantesco techo que cortaba la pared en diagonal a la izquierda, dos largos por encima de nuestro campo. La noche había sido tranquila pero nadie se atrevía a prenunciar las primeras palabras. Sólo el viento y el ritmado sonido del hornillo suspendido entre las dos hamacas se perdían en la grandeza del vacío. Había llegado mi turno de tirar de primero y después de desayunar, organicé el material en mi arnés y salí arriba con una aparente tranquilidad por las cuerdas fijas, intentando hablar calmamente con mi propio interior. Nuno "Larau" me siguió y Paulo se quedo organizando y mejorando nuestro hogar colgado.
Al llegar al final de las cuerdas, esperé un rato por "Larau" y me lancé apresuradamente a abrir el siguiente largo. El frío nos estaba fustigando, así que salí con las botas y el gore-tex encima, decidido a dar todo de mi para cruzar este mar de abrasivo granito. Después de unos 12 metros de escalada artificial relativamente sencilla (¡pero con vuelo incluido al saltar un plomo!), llegué al inicio del tremendo techo. Primero me quedé espantado y de inmediato un poco preocupado, pues a lo largo del ángulo que el techo forma con la pared no había fisura alguna, ni siquiera micro-fisuras.
- ¡Hostia!, ¡aquí no hay fisura alguna…no hay nada!
- ¡No me le creo!, dice "Larau" colgado de la reunión en su confortable guíndola.
Yo no le contesto. Como si fuera poco, estaba constatando la cruda realidad. Lo que mis ojos estaban mirando era todo lo que nosotros no queríamos ni imaginar. Entonces me sentí el ser más pequeñito del planeta tierra. A lo largo del extenso techo, toda la pared era compuesta de gigantescas lajas de granito, tan grandes que de lejos parecía una pared compacta. Cuando les daba con la maza, el sonido era tan hueco que mis entrañas se constriñían hasta quedarme con un nudo en la garganta, y toda la superfície rocosa estremecía haciéndome quedar completamente paralizado. Empecé ha progresar poniendo pequeños buriles y alguno micro-friend entre la pared y las lajas. El pánico se estaba apoderándome de mí y tardaba más de media hora en decidirme a pasar mis 70 Kg al siguiente estribo. Miraba las afiladas lajas apuntadas a mi cuello e imaginaba a una de ellas saltando de la pared, que después de decapitarme, arrasaría con nuestro campo de hamacas y a mis dos amigos. ¡Que productiva es la mente humana!, ¿locura o realidad? No lo sé. La situación era demasiado extrema para analizarla.
- ¡Venga Miguel, tira para arriba!, me decía "Larau", enfundado en su traje de gore-tex.
- ¡This is life, Miguel!, ¡This is lifeeeeeee!, gritaba Paulo dos largos más abajo, sin entender el porqué de tanta demora.
- ¡Si, esto es vida!, pensaba yo intentando permanecer tranquilo.
- ¡Esto es lo mejor de la puta de la vida!, ¡Esto es VIDA, pero…pero estoy a punto de perderla!, continuaba hablando con mi interior, pero ya casi apoderado por el pánico.
El filósofo Nietzsche, ya en su tiempo decía: "El secreto para cosechar las experiencias más fecundas y los placeres más grandes de la vida es vivir peligrosamente". La vida ya es peligrosa…peligrosa para aquellos que quieren vivir libres, buscando la vida haciendo lo que les gusta, buscando sus ilusiones, viviendo sus sueños, intentando huir de las garras de una sociedad injusta y llena de egoísmo e hipocresía, intentando ser felices sin tener que pisar a los otros…. Esto pienso que es lo que queremos la mayoría de nosotros, errantes pobladores de este mundo, buscando la vida en las montañas, intentando "dar vida a nuestros años y no años a nuestra vida" (G. Rébuffat).


0.7 La Derrota...
después de algunos metros más de creciente tensión, de trabajosa progresión sobre las afiladas y gigantescas lajas de granito temiblemente huecas y sueltas, toda mi moral, motivación y disfrute de tan magnifica montaña desvanece sobre tamaña desilusión. Entonces, en medio del cruce de dos lajas, miré la existencia de uno rasgo de roca firme y perfectamente sólida. Saqué el espitador y a base de furiosos martillazos logré poner un espit salvador.
Completamente extenuado, no físicamente pero si mentalmente, después de varias horas bajo la mirada del pánico, grité con las fuerzas que me restaban:
- ¡"Larau", me voy a bajar!
- ¿Qué!?
- ¡Descuélgame!, le grito con más fuerza.
- ¿Pero…pero, que pasa?, ¿no vas a tirar más para arriba?
- ¡Mira tío, esta saliendo una línea demasiado cutre, demasiado a base de buriles para tan precaria y peligrosa progresión!, le contesto con una voz firme, tal vez un poco desperada.
- ¡Si, de lo que consigo mirar de mi posición, tienes razón!, ¡venga!, me responde.
En poco tiempo llego a la reunión donde "Larau" está inmovilizado por el frío y por el sonido de las piedras que salen disparadas de una canal a la izquierda de la pared.
- ¡Oye Miguel, tu cara está de color amarilla!
- ¡Es el síndrome del pánico!, le contesto sonriendo de alivio.
"Larau" sube a recuperar el material del largo y en pocos minutos ya está de vuelta a la reunión con el pánico también instalado en su cara.
- ¡Joder Miguel, aquello de ahí arriba es una sala de tortura, es una autentica bomba atómica, escalar allí es jugar a la ruleta rusa!
- ¿A quién se lo dices, eh!?, y soltamos ambos una saludable carcajada.
Bajamos los dos en silencio hasta el campo de hamacas limpiando las cuerdas fijas, y si por un lado nos sentíamos aliviados, por otro nuestro interior estaba repleto de tristeza y angustia, pues todos teníamos una gran ilusión en abrir una nueva ruta en esta gran pared. Paulo nos recibe alegremente pues ya se había enterado de todo y comprendía nuestro abandono y principalmente nuestra tristeza.
- ¡Muy bien tíos, muy bien!, ¡Ay otras paredes y otras montañas por escalar, y tantos proyectos y tantos sueños para realizar!, hablaba fuertemente Paulo con su siempre elevada capacidad de motivación.


0.8 La retirada...
decidida la retirada, organizamos el material y empezamos a preparar la comida para cenar, pues mañana la bajada tampoco sería fácil.
Pero, lo que parecería venir a ser una tranquila noche en las hamacas se ha transformado en el golpe de misericordia para nuestro equipo Portugués.
Durante toda la noche, una dura y violenta tormenta eléctrica ha fustigado nuestro "hogar" suspendido. A cada minuto que pasaba, la lluvia y el granizo que caían furiosamente del cielo, junto a los poderosos rayos llenaban nuestras mentes de miedo y nuestros trastos de agua (¡tooooooodo mojadito!).
A la mañana siguiente, al final de más de 180 metros de rappel con 40 Kg colgados del arnés, debajo de la insistente lluvia, frío y veloces avalanchas de piedras, un arriesgado salto de unos 4 metros sobre la profunda y oscura rimaya, y una alucinante largada de petates por el glaciar abajo, llegamos finalmente a nuestro flameante y vistoso "campo-base" completamente exhaustos y moralmente derrotados.
Después de una merecida noche descansada, dos desesperantes porteos al coche con gigantescas cargas a la espalda, tres pizzas al otro lado de la frontera (¡una ultima mirada a la bella ragazza!), y al mismo tiempo que toda la Europa central se sumergía en las enormes inundaciones de Agosto, una verde furgoneta escapaba a la pesada multa de estacionamiento, y con el chasis rasando el asfalto (¡del enorme peso que transportaba!) "rasgaba" ilegalmente las autopistas Helvéticas (¡si, si…sin pagar un céntimo!) en busca del sol Ibérico.

Esta tentativa de apertura de una nueva ruta en el Grupo di Sciora ha sido "cariñosamente" apellidada entre nosotros, por "Tentativa PANIC HOUSE"


Miguel Monteiro Grillo



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